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Que es la sostenibilidad

¿Qué es la sostenibilidad? Historia, metas y futuro

Sostenibilidad, hoy en día es una de las palabras más pronunciadas que escuchamos todos los días, pero ¿qué es en particular?

¿Qué es la sostenibilidad?

Este término se ha definido comúnmente como el modelo de desarrollo capaz de asegurar la satisfacción de las necesidades de la generación actual sin comprometer la posibilidad de que las generaciones futuras realicen las suyas.

Ser sostenible no solo significa ser respetuoso con el medio ambiente, significa que lo que estás haciendo, sea lo que sea, es algo duradero en el futuro, respetuoso con las personas que te rodean y accesible. 

Para lograr un desarrollo sostenible de las sociedades humanas es necesario que:

  • La intervención humana está limitada dentro de la capacidad de carga de los sistemas naturales mientras se preserva su vitalidad y resiliencia.
  • El progreso tecnológico para la producción de bienes y servicios está dirigido a incrementar la eficiencia en lugar de incrementar el flujo de energía y materias primas.
  • Los niveles de extracción de recursos no renovables superan sus capacidades regenerativas.
  • La emisión de desechos y desechos (sólidos, líquidos y gaseosos) debido al metabolismo de los sistemas sociales no excede la capacidad de asimilación de los sistemas naturales.

La historia de la sostenibilidad

Desde los albores de la historia del pensamiento económico moderno, los economistas se han preocupado por la escasez de algunos de los factores de producción, especialmente la tierra cultivable, y la posibilidad de que se detenga el crecimiento económico. Los economistas clásicos eran conscientes de que la disponibilidad de recursos naturales podría ser un factor limitante del crecimiento económico.

Tanto Adam Smith (1723-1790) como Malthus (1766-1834) asumieron la idea de que la escasez de recursos naturales puede ser un obstáculo para el crecimiento, subrayando la limitación de los recursos naturales ante una población en constante crecimiento.

Tomaron en cuenta los límites naturales y en particular de la tierra cultivable, terminando por escribir que el crecimiento demográfico implica una disminución del capital y de la producción y, en consecuencia, del crecimiento económico: no todos podrán tener su “banquet de la nature”. Es fácil ver lo cerca que estaba ya de una visión absolutamente actual y moderna de la equidad, al menos a nivel intergeneracional, del desarrollo representado por el acceso igualitario al “banquet de la nature”, por lo tanto, a una “porción” de la naturaleza.

Idéntica conclusión fue anunciada por el Club de Roma cuando, en 1972, se publicó el informe “Los límites del crecimiento” que, bajo la hipótesis de un aumento exponencial de la población, la producción industrial y la explotación de los recursos naturales del planeta, anunciaba el fin del crecimiento como único remedio.

El período dorado del concepto de «crecimiento cero» como meta para la humanidad fue muy corto, de hecho, luego de las dos crisis del petróleo (1974 y 1979) y la recesión económica, la mayoría de los países experimentó un período de crecimiento económico a un nivel realmente cerca de cero, que se caracteriza por una alta inflación, subempleo y niveles generales de contaminación en aumento.

Los tres aspectos principales de la sostenibilidad

Por tanto, la sostenibilidad se refiere a los campos ambiental, económico y social, la característica principal de hecho es el proceso de cambio en el que la explotación de los recursos, el plan de inversión, la orientación del desarrollo tecnológico y los cambios institucionales están en armonía y potencian la actual y potencial futuro para satisfacer las necesidades y aspiraciones humanas.

El desarrollo sostenible, introducido por primera vez en 1987 por el Informe Bruntland de la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo, significa un desarrollo destinado a satisfacer las necesidades de la generación actual sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades, que luego pueden satisfacerse mediante un enfoque circular y sostenible, pero ¿de qué tratan estos tres aspectos en detalle? Veámoslo juntos.

Ambiente

En primer lugar, la sostenibilidad se refiere al respeto por el medio ambiente. Hoy en día se da por hecho, pero nuestras ciudades dependen estrictamente de la calidad del entorno sobre el que están construidas, por lo que nuestro bienestar depende de los espacios naturales circundantes en los que vivimos. 

La sostenibilidad tiene como objetivo mejorar nuestro bienestar diario a través de la reducción de las emisiones contaminantes de nuestras actividades, respetando así el medio ambiente, minimizando el consumo de residuos, favoreciendo los procesos de reciclaje y potenciando los espacios naturales de nuestras ciudades con el fin de maximizar la calidad del aire y la cantidad de oxígeno que podemos respirar. 

Economía

La sostenibilidad no puede ser considerada solo como un acercamiento al medio ambiente, o solo como una forma de respeto por el ecosistema, la flora y la fauna, sino también y sobre todo como un método para incrementar exponencialmente la calidad de vida de las personas y los toda la sociedad, generando sostenibilidad económica y por tanto un beneficio monetario más concreto y eficiente que el actual. Obtener una alta sostenibilidad social a través de una convivencia más transparente y colaborativa dentro de la comunidad.

Este no es un modelo que solo apoya la economía lineal actual, sino que la reemplaza por completo en cada etapa del proceso productivo, regenerando y modificando positivamente su estructura. Reutilizar, reducir y reciclar se encuentran entre las reglas de sostenibilidad más importantes, un proceso que tiene como objetivo reducir los costos inútiles y peligrosos hoy en día de los materiales desechables y los combustibles fósiles. Solo imagina no pagar más facturas energéticas porque toda la electricidad que necesitas la proporciona la energía solar a través de paneles fotovoltaicos.

Sociedad 

La sostenibilidad es un enfoque que incluye sobre todo a los propios ciudadanos. De hecho, el “círculo” de este modelo comienza cuando los ciudadanos implementan las prácticas cotidianas. Un ejemplo trivial es su recogida selectiva: cuanto mejor se realice dentro de los hogares domésticos, mejor será posible iniciar un proceso de producción circular sin contratiempos y costes adicionales.

Los gestos de la vida diaria determinan significativamente el impacto ambiental que genera cada individuo (en EE.UU. un ciudadano produce unas 25,9 toneladas de dióxido de carbono en un año). Por esta razón, una mejora desde este punto de vista de las actividades diarias de los ciudadanos individuales puede incrementar significativamente la educación cívica y la conciencia del respeto ambiental, solo piensa en las aproximadamente 11.500 toneladas de chicle por Nación que se tiran al suelo cada año, o en el consumo entre 9 y 10 mil millones anuales de bolsas de plástico.

Un enfoque sostenible favorecería además la llamada Economía Colaborativa, mejorando la ayuda recíproca entre empresas y ciudadanos, con el fin de reducir tanto las emisiones de CO2 como sus costes relativos.

Cuando se habla de sostenibilidad es fundamental mencionar la denominada Economía Circular, la mejor forma de aplicar concretamente prácticas sostenibles. Hoy en día nuestro sistema de desarrollo se basa en la denominada Economía Lineal, que explota los recursos naturales (en su mayoría fósiles) para generar bienes y servicios, cerrando su proceso productivo con la eliminación de residuos, destinados a acumular cada vez más.

Por otro lado, una Economía Circular tiene como objetivo la reducción de la mayor parte de los residuos, convirtiéndolos en un recurso disponible que puede ser reutilizado como materia prima secundaria en el proceso productivo, delimitando los campos económico, social y ambiental a través de los principios de la sostenibilidad. Cada producto o salida, desde el momento de su fabricación hasta el momento de su uso real, se optimiza hasta el final de su ciclo de vida.

De esta forma, es posible recuperar y reutilizar todo (o casi) el material de desecho como punto de partida en otra cadena de producción. De hecho, la Economía Circular tiene como objetivo eliminar el desperdicio a través de una mejor estructura y un diseño más eficiente de materiales, productos, sistemas e incluso modelos de negocio, agregando valor y calidad al proceso productivo.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)

El concepto de sostenibilidad se ha desarrollado tan rápido en los últimos años que rápidamente se reconoció como uno de los principales aspectos a tener en cuenta para países de todo el mundo.

Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los 169 subobjetivos asociados a ellos constituyen el núcleo vital de la Agenda 2030. Tienen en cuenta de forma equilibrada las tres dimensiones del desarrollo sostenible. Por primera vez, un solo documento político reúne el desarrollo sostenible y la lucha contra la pobreza.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible deben alcanzarse para 2030 a nivel mundial por todos los países miembros de la ONU. Esto significa que todos los países del planeta están llamados a hacer su contribución para abordar de manera conjunta estos grandes desafíos. Además, habrá que encontrar incentivos para alentar a los interlocutores no gubernamentales a participar más activamente en el desarrollo sostenible.

Aquí está la lista de los 17 objetivos principales, individualizados por la ONU:

1. Erradicar la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo.

2. Poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y promover la agricultura sostenible.

3. Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos en todas las edades.

4. Garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos.

5. Lograr la igualdad de género y la libre determinación de todas las mujeres y niñas.

6. Garantizar la disponibilidad y la gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos.

7. Garantizar el acceso a la energía a un precio asequible, fiable, sostenible y moderno para todos.

8. Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el pleno empleo y el trabajo decente para todos.

9. Construcción de una infraestructura resiliente, promoción de la industrialización inclusiva y sostenible y apoyo a la innovación.

10. Reducir las desigualdades dentro y entre países.

11. Hacer que las ciudades y los asentamientos humanos sean inclusivos, seguros, resilientes y sostenibles.

12. Garantizar modalidades de consumo y producción sostenibles.

13. Tomar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus consecuencias.

14. Conservar y utilizar de forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos.

15. Proteger, restaurar y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, combatir la desertificación, detener y revertir la degradación del suelo y detener la pérdida de diversidad biológica.

16. Promover sociedades pacíficas e inclusivas orientadas al desarrollo sostenible, garantizar el acceso a la justicia para todos y construir instituciones eficaces, responsables e inclusivas a todos los niveles.

17. Fortalecer los medios de ejecución y reactivar la alianza mundial para el desarrollo sostenible.

El futuro de la sostenibilidad 

Para entender el problema al que nos enfrentamos con el sistema de desarrollo actual podemos pensar fácilmente en esto: en Europa se producen cada año 64,4 millones de toneladas de plástico, que en total tienen un valor de 355 mil millones de euros y de las cuales solo se recicla un tercio.

Esto conlleva unos costes de eliminación muy elevados, solo piensa que a nivel europeo el único coste de limpieza de las playas es de 630 millones de euros, mientras que a nivel mundial llegamos a 13 mil millones al año. Estos costes suben cada vez más, en Italia entre 2010 y 2017 el índice de costes de la gestión de residuos aumentó un 16,3%, aumentando exponencialmente el malestar social generado por la insostenibilidad de los costes de gestión de residuos.

Los principios de sostenibilidad, y, por tanto, la Economía Circular, representan una excelente solución a todos estos problemas, de hecho, una inversión justa en el sector de la gestión circular de residuos podría generar un beneficio, tanto en términos monetarios como sociales. Favorecer la práctica de la recogida selectiva, de hecho, crea la posibilidad de clasificar los residuos según las diferentes propiedades de reciclaje, favoreciendo así su transformación en materias primas secundarias.

Estos últimos, de hecho, representan una fuente de suministro nueva y más barata para aquellas empresas que muchas veces no pueden soportar el precio de las materias primas cuyos costos de compra y eliminación están experimentando un aumento exponencial en muchos casos. 

Los países están desarrollando prácticas cada vez más sostenibles a nivel nacional e internacional, solo piensa en el Green New Deal, que hoy en día es la principal política que lleva adelante la Unión Europea.

No solo los gobiernos y las autoridades públicas, sino incluso las empresas, están llevando el mercado de una manera «verde», reduciendo los productos desechables y promoviendo las energías renovables.

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